Lección 46-Otras sectas cristianas


1. Qué es una secta:
El término «secta«: el valor negativo de la palabra «secta» explica los intentos por sustituirla por otras denominaciones asépticas; «nuevos movimientos religiosos«, «nuevas formas de religión«, «nuevas religiones«, «religiones marginales«, «alternativas«, etc. Pero ¿conviene el calificativo «nuevo» a las sectas de los s. XVIII-XIX y anteriores?

Etimológicamente, la palabra española «secta«, en latín, era el femenino del participio del verbo «seco, secare«: «cortar, desprender». Designa la entidad separada de otra realidad mayor y más antigua como la rama desgajada de un árbol.

Realmente, por su definicion descriptiva o sus rasgos definitorios, «secta es un grupo autónomo, no cristiano, fanáticamente proselitista, exaltador del esfuerzo personal y expectante de un inminente cambio maravilloso, ya colectivo, ya individual«.

a) Grupo autónomo:
En la Iglesia católica, nadie es autónomo. Las diócesis, los vicariatos, las prelaturas, las órdenes y congregaciones tienen que rendir cuentas a la correspondiente Congregación Vaticana. En cambio, los directores de los testigos de Jehova, de los mormones, etc., pueden introducir cualquier innovación tanto disciplinar como doctrinal, incluso en contra de lo dictaminado por sus fundadores.

b) No cristiano: por tres motivos:
1) Porque no creen en la Santísima Trinidad ni en la divinidad de Jesús de Nazaret y no aceptan el bautismo.
2) Además, los cristianos creemos que la Revelación divina terminó con la muerte del último Apóstol.
3) Las sectas marginan la Biblia. Incluso las de origen cristiano parecen usarla, pero de hecho la manipulan, pues suelen atribuir un valor y credibilidad superiores a los escritos de su fundador, cuya autoridad prevalece sobre la de la Biblia en caso de colisión (cfr. Conc. Vaticano II, Const. Dei Verbum, n 1,1).
Las sectas de origen e impronta cristiana creen que la Revelación divina sigue abierta hasta su fundador e incluso indefinidamente, hasta el director actual. Por ejemplo:
Hasta 1940 los Testigos de Jehová aceptaban e incluso alababan las transfusiones de sangre, prohibidas desde 1945, de tal modo que más de uno ha muerto por rechazarlas. Hoy mismo podrían ser admitidas de nuevo.
Los Mormones celebraban la «Cena» con pan y vino como instituyó Jesucristo para la Sagrada Eucaristía y como se describe en el Libro del Mormón, pero se hicieron abstemios y la «Cena» es ahora con pan y con agua.

En las regiones tradicionalmente cristianas, las sectas tienden a presentarse como cristianas por motivos de estrategia proselitista, por ejemplo: los Testigos cristianos de Jehova o el Movimiento gnóstico cristiano universal.
c) Fáticamente proselitista: como es sabido. 
Pero no es malo el proselitismo, el afán apostólico, sino el fanatismo proselitista o el proselitismo fanático. «La Iglesia propone, no impone nada, respeta a las personas y las culturas; se detiene ante el sagrario de la conciencia» (Juan Pablo II, Redemptoris missio, 39 y 8). Las sectas tratan de «imponer» de manera descarada y, a veces, tambien camuflada. El laicismo -por otra parte- pretende relegar lo religioso al foro de la conciencia y al interior de los templos y sacristías.

d) Exaltador del esfuerzo personal: 
en las sectas, todo es -en general- obra del esfuerzo de los adeptos, de su concentración, con la ayuda de los integrantes del grupo. Esta exaltación del esfuerzo personal resalta en los metodos llamados del potencial humano, que o son secta o están de ordinario vinculados a una secta: yoga (sectas hindúes), zen (sectas budistas), la meditación trascendental, etc.

e) Expectante de un inminente cambio maravilloso, ya colectivo, ya individual
el cambio colectivo o que afecta a la humanidad puede ser bucólico, utópico; como el «Nuevo orden» de la masonería, por ejemplo; o catastrófico, como una guerra nuclear, el final de cada ciclo cósmico (sectas hindúes, budistas) y, más frecuentemente, el apocalíptico fin del mundo: Testigos de Jehová (1914, 1925, 1975; ahora empiezan a situarlo en torno al año 2.000), Adventistas del 7º día (1843; el 21 de marzo, el 18 de abril y el 22 de octubre de 1884), los Niños de Dios, ahora llamados La Familia, (1993), Misión Rama (entre 1975 y el año 2.000), Edelweis (1992), Iglesia Universal de Dios (1936, 1947, 1972, 1975), etc. 

El cambio maravilloso individual suele ser la aspiración de las sectas catalogadas como «desacralizadas, esotéricas, etc.»: Masonería, Nueva Acrópolis, Nueva Era, Teosofía, Gnosticismo, etc. La transformación del «hombre» en «superhombre» es el objetivo expreso de algunas sectas, como Nueva Acrópolis. Aparte de sus deficiencias doctrinales, su peligrosidad básica radica en que, como cada uno debe actuar de acuerdo con su conciencia, quien se cree «superhombre» no puede no mirar con conmiseración a los simples «hombres«, a los cuales forzará a aceptar sus deseos de superdotado, de grado o por fuerza.
2. Causas de la existencia y de la proliferación de las sectas:
a) La busqueda religiosa: 
el hombre tiene «necesidad» de lo religioso, de Dios, que le es connatural. Cuando las religiones tradicionales no satisfacen, con causa razonable o sin ella, las sectas, el placer, el poder, etc., suplen la ausencia de Dios.

b) El secularismo o el laicismo: 
-clima dominante-, por reacción, provoca la huida hacia el «aire libre», que, para algunos, es la secta.

c) Las deficiencias en las respuestas pastorales de las iglesias tradicionales:
 Los documentos del Magisterio de la Iglesia invitan a ver en las sectas retos o incitaciones que deben lanzarnos a nuestra verdadera «conversión» individual y a la renovación pastoral: la caída en la masificación, en la rutina, en la burocratización, en el apagamiento del dinamismo apostólico, en la obsesión por lo material, en la opción preferencial centrada más en los pobres de recursos económicos que en los pecadores, como si Jesucristo no se hubiera encarnado y muerto en cruz «para que tengan vida (sobrenatural) y la tengan abundante» (Io 10, 10).

d) Las carencias familiares y sociales: 
el activismo moderno, la fascinación de los medios de comunicación social, etc.: la persona se aisla, pero el individuo necesita «saberse querido«. Es una necesidad psicológica y también teologal. Eso son las sectas para todos o casi todos sus adeptos, al menos en sus inicios.

e) El afán de novedad y la fascinación de lo novedoso, de la moda
los cristianos hemos desprestigiado el viejo cristianismo. En cambio, las sectas son la novedad, que el historicismo pone más de actualidad, y, además, carecen de antecedentes negativos.

f) Otras causas: 
hoy estamos en la época del irracionalismo, del afán por sentir algo, también en lo religioso, actitud no muy compaginable la fe, con la cruz. Las sectas satisfacen esa «necesidad«, como las sectas satánicas y luciféricas, especialmente para personas hartas ya de lo sexual, del alcohol, de las drogas, y ansiosas de experiencias fuertes. La mayoría de las sectas vienen desdeEE.UU., o a traves de EE.UU. (las originarias del Oriente). A veces, son un medio de mantener el imperialismo de algunos grupos ideológicos, económicos, etc., sobre todo en Iberoamérica.

3. La respuesta apostólica al reto de las sectas
a) Actitud positiva: 
son los santos quienes ponen los remedios adecuados y eficaces. 
Algunas actitudes no son cristianas, a veces ni humanas, aunque las tengamos los hombres:
  • a) actitud pasiva, de quien se inhibe por ignorancia, temor o indiferencia;
  • b) actitud activista, actúan como si la solución dependiera sólo y totalmente de su actividad, y se sienten muy capaces de hacerlo todo sin caridad e incluso sin fe, al modo de un burócrata que, en el mejor de los casos, no tiene sino «la técnica pastoral«;
  • c) actitud despreciativa, porque son muchas, raras, con pocos miembros, etc.
  • d) actitud agresiva, reacción violenta, descontrolada y totalmente descalificadora, como si no hubiera nada positivo en las sectas, cuando lo hay. Realmente, de muy poco o de nada sirve esta actitud. Como diría Taciano (s. II d. C.). La mano ha de estar abierta, dispuesta a dar y recibir, así como a sacar del pozo oscuro e insalubre a quien ha caído en él.
La única actitud válida para un cristiano es:
a) Actitud positiva, pues omnia -también las sectas- in bonum, pero diligentibus Deum, «para los que aman Dios todo es para bien» (Rom 8, 28), e «incluso es conveniente que haya herejías» (1Cor 11, 19); por su actitud de reto que nos obliga a profundizar en el conocimiento de determinados puntos doctrinales, a ser más apostólicos, proselitistas y con más vida interior. Además, para algunos, las sectas, como las religiones no cristianas, pueden tener eficacia salvífica, aunque el que se salva; se salva, en y por Jesucristo, en su Cuerpo Místico, la Iglesia.

b) La actitud activa, aunque no «activista«, propia de quien trata de poner los remedios que están a su alcance. A continuación, se enumeran los principales:
2. Examen de conciencia
no podemos ver a enemigos en los adeptos de las sectas, sino a redimidos por Cristo, a hijos de Dios, generalmente hijos pródigos de la Iglesia Madre. No debemos adoptar la postura del hermano mayor del hijo pródigo en la parábola evangelica (Lc 15, 25-32).

3. Maduración del sentido crítico
es preciso acostumbrarse y enseñar a leer, a pensar, a ver TV, a dialogar con los miembros de las sectas, etc., «críticamente«, si no queremos ser manipulados. Un buen punto de referencia para el trato con los adeptos de las sectas es la aplicación de la doctrina del «Catecismo de la Iglesia Católica» a cada caso o cuestión planteada por ellos.

4. Oportunidad de evangelización: 
así considera Juan Pablo II «la presencia de las llamadas «sectas», en cuanto son motivo para hacer un profundo examen e invitación a la nueva evangelización… para ahondar en la fe y en la vida cristiana» (Alocución a los obispos mexicanos, 12.V.1990, n 6). Resulta oportuna la pregunta: ¿Que estoy haciendo para responder a este reto y convertirlo en ocasión de evangelizar?, porque hay mucho sectario particular, pues, quien más y quien menos tiene sus propias teorías acatólicas perteneciendo a la Iglesia.

5. Adecuada información:
 acerca de los errores más de moda para no dejarse engañar ni sorprender.

6. Formación esmerada: 
en la doctrina bíblica, dogmática, litúrgica, etc.: Catecismo de la Iglesia Católica, sobre todo en las cuestiones negadas o deformadas por las sectas existentes en la propia ciudad o región. Prestigiar la Biblia, que es inteligible por todos: Jesucristo hablaba para todos, generalmente para gente sin formación especial; y otro tanto los profetas.

7. Vibración interior: 
el afán sincero de santidad, de vida interior, ser personas de oración, con experiencia de lo divino, pues, justifican su abandono de la Iglesia diciendo que en ella (homilías, reuniones de grupo, etc.) o no se habla de Dios o se habla cerebralmente: como de un objeto de reflexión y estudio a través de los Evangelios, etc., no en actitud de escucha ni de trato íntimo, algo que sí han encontrado en su secta. Hoy, evidentemente, mueve el testimonio. Es necesario el testimonio de la propia intimidad con Dios: la actitud de contemplativos en medio del mundo.

8. Dinamismo apostólico: 
el afán de almas se ve y, si es honrado -para Jesucristo-, convence. Sin olvidar que el apostolado básico es la coherencia de la vida entera con la fe. «Se es misionero o apóstol más por lo que se es… que por lo que se dice o se hace» (Juan Pablo II, Redemptoris missio, 23). «El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros, en la experiencia que en la doctrina, en la vida y en los hechos que en las teorías» (Ibidem, 42).

9. Acudir a la Virgen: 
encomendar a María a quien tratemos. Es la gran olvidada o marginada por las sectas, e incluso denigrada y atacada por la mayoría. Si alguna secta peca por exceso y llega a divinizarla (Iglesia Cristiana Palmariana), la casi totalidad de las sectas, incluso las de origen cristiano, niega que sea Madre de Dios, Virgen, Intercesora, etc. Pero nadie quiere mas que Ella a su Hijo, Jesucristo, y a los seguidores de su Hijo, los cristianos. Los testigos de Jehová sienten como alergia hacia Ella.

10. La devoción eucarística: 
Juan Pablo II preguntó a un grupo de obispos del Perú: «¿Cuál es el problema mas grave e importante de la Iglesia en Perú?» Los obispos contestaron: «las sectas«. Pero el Papa puso en primer lugar la ausencia de la Sagrada Eucaristía en tantas localidades por falta de sacerdotes y de vocaciones.

El poder del adversario radica tanto o más en el grado de mi debilidad que en el de su fortaleza. Los agentes externos: el laicismo, las sectas, la TV, etc., ciertamente tienen su influjo y su parte responsabilidad, pero es señal debilidad culpar del error sólo al ambiente.

Autor: Luis de Moya


Las Sectas, empresas Religiosas
Lo que importa es aumentar el grupo y hacer más rentable el «business» (negocio). No interesa la fidelidad a Cristo, a su Evangelio y a su Iglesia. Por eso hay tantas sectas. Es la ley de la demanda y la oferta.

La religión como asunto público
Antiguamente cada pueblo tenía «su» religión. Esto representaba el alma del pueblo y expresaba sus valores más profundos, sus enigmas y aspiraciones. Cualquier atentado contra la religión era considerado como un atentado contra el mismo pueblo y por lo tanto el culpable se hacía merecedor de los más grandes castigos.

En Grecia por ejemplo, el grande filósofo Sócrates fue condenado a muerte por un motivo religioso. Al enseñar a los jóvenes a razonar, los empujaba a «dudar» de ciertas creencias religiosas, lo que le mereció la muerte.

Persecución
Roma de por si se consideraba tolerante en campo religioso hacia todos los pueblos sometidos. Les permitía seguir con sus «dioses», a condición de que aceptaran la superioridad de la religión romana, en la que la misma Roma era considerada como divinidad suprema.

Cuando el general Pompeyo (63 a.C.) anexó a Roma la provincia de Judea, se presentó el problema religioso, puesto que los judíos se rehusaban a reconocer a otro dios que no fuera Yavé. Sin embargo pronto se solucionó el problema, puesto que de por si los judíos no eran proselitistas, sintiéndose satisfechos por ser solamente ellos el «pueblo elegido».

Por eso Roma con facilidad les permitió que siguieran con sus creencias religiosas, puesto que no representaban ningún peligro para los demás. El problema se hizo grande, cuando apareció el cristianismo, con un ansia misionera incontenible. A Roma le pareció que esto podía representar un serio peligro para el futuro del imperio, puesto que la nueva religión miraba a socavar los mismos cimientos del estado, representados por su religión. Por eso respondió con una feroz persecución, que duró casi trescientos años con continuos altibajos.

Religión Oficial
Por fin, el año 313 d.C: el emperador Constantino decretó la libertad de culto, al constatar la inutilidad de la persecución, puesto que de todos modos la nueva religión prosperaba cada día más y al darse cuenta de que lograba formar a ciudadanos honestos y laboriosos amantes de la patria y el progreso.

Fue tanto el entusiasmo por hacerse cristiano, que en poco tiempo casi todos los ciudadanos romanos se integraron a la Iglesia, quedando pocos seguidores del antiguo culto. Estos normalmente habitaban en los pueblitos alejados de la civilización. Desde entonces se empezó a utilizar la palabra «pagano» (pagus = aldea) en el sentido de no cristiano.

Teniendo presente esta nueva realidad, pronto el catolicismo fue considerado como religión oficial del imperio. De caes este (476 d.C.) y surgir los nuevos reinos, que tomaron su lugar, se siguió considerando el catolicismo como religión oficial.

Basándose en la antigua costumbre de considerar la religión como un asunto público y no privado, poco a poco se llegó a formular el siguiente principio jurídico «Cuius regio, eius religio» (= de quien es la región, del mismo es la religión), según el cual, el súbdito estaba obligado a tener la religión del rey. Donde el rey era católico, todos estaban obligados a ser católicos, donde el rey era luterano, todos estaban obligados a ser luteranos; donde el rey era anglicano, todos estaban obligados a ser anglicanos, etc. Para los que no querían obedecer se aplicaba pena de muerte.

Libertad religiosa
En las regiones católicas, normalmente no hubo grandes problemas al respecto. Donde si hubo grandes problemas, fue en los países regidos por reyes protestantes o anglicanos. Siguiendo el principio luterano de la libre interpretación de la Biblia, pronto empezaron a surgir grupos de creyentes inconformes con la religión oficial, provocando una fuerte represión de parte de los gobierno.

Para escapar de la persecución y poder vivir su fe en paz, muchos huyeron a las colonias inglesas de Norteamérica. Estando allí gente que por lo general estaba huyendo de la persecución a causa de su fe, establecieron el principio de la libertad religiosa, que, al independezarse Estados Unidos de Inglaterra, se volvió en ley.

Ya de por si en Europa muchos pensadores estaban luchando en la misma dirección. De esta manera, poco a poco el principio de la libertad religiosa se fue abriendo paso hasta volverse en un principio universal, con raras excepciones, especialmente en campo musulmán.

Explosión de las sectas
Hasta aquí todo parece lógico y positivo. El problema surgió cuando se empezó a considerar la religión como un «negocio» cualquiera, una empresa de tipo comercial, hecha de demanda y oferta, mercadotecnia y búsqueda del «lucro» como elemento determinante.

Ya no importa el sentido de la fidelidad a Cristo, su Evangelio y su Iglesia. Lo que importa es aumentar la membresía, conquistar a la gente a como dé lugar recaudar bienes lo más posible.

Evidentemente en todo el asunto no faltan personas serias, que buscan a Dios sinceramente; sin embargo, la impresión general en que los fundadores y dirigentes de las sectas parecen más empresarios que profetas, más expertos en sicología y en oratoria que en Biblia y ascética.

Regreso a la sagrado
Después del fracaso de las ideologías y el aburrimiento causado por la búsqueda insaciable del placer, estamos asistiendo a un fenómeno general de seguir a lo sagrado y lo espiritual. Sin embargo, dicho regreso no se está realizando por el camino de las iglesias históricas en el apego a lo racional y revelado, sino como respuesta del mismo hombre a su anhelo de seguridad y búsqueda de sentido a la vida, incursionando en todo, desde la Biblia hasta las religiones orientales, el paganismo, el esoterismo, el ocultismo, la gnosis, la sicología, etc.

Por eso, hoy en día el católico tiene que hacerse más crítico hacia el fenómeno religioso, tomando conciencia de los riesgos que implican un acercamiento a dicho fenómeno sin una preparación específica al respecto.

El hecho es que muchos, que al principio parecían muy tolerantes en campo religioso, después de haber adherido ingenuamente a uno de estos nuevos grupos, se volvieron extremadamente sectarios, fanáticos y ferozmente anticatólicos.

¿Qué hubiera pasado si, antes de meterse «a ciegas» en alguno de estos nuevos sistemas religiosos, hubiera conocido algo acerca de la propia Iglesia? Sin duda, no se hubiera dejado convencer tan fácilmente.

Conclusión
Las sectas no son tan buenas como parecen a primera vista o nos quieren dar a entender. En ellas hay de todo: buena fe, búsqueda de sentido a la vida, espiritualidad, superación de ciertas actitudes negativas…, pero al mismo tiempo hay también engaño, explotación, alienación y búsqueda de poder. Por lo tanto se de veras estamos comprometidos con el hombre concreto, no podemos prescindir de un atento análisis de este fenómeno, que bajo el manto de una profunda religiosidad esconde los intereses más variados, a veces totalmente contrarios a los ideales que se proclaman con las palabras.

Autor: P. Flaviano Amatulli Valente